Alguna vez
よく見れば なずな花咲く 垣根かな
(yoku mireba nazuna hana saku kakine kana)
Matsuo Bashō

Nota del autor:

Esta obra ha sido publicada en su primera edición por la Biblioteca Virtual ACEB. Se puede obtener una copia en distintos formatos o quizás una versión más reciente en la web de la asociación: http://www.bibliotecavirtualaceb.org/alguna-vez/.
©José Castiñeira: En la medida de lo posible, José Castiñeira hace devolución al dominio público de la obra "Alguna vez" conservando sus derechos morales, incluídos el de autoría e integridad de la obra. Para más información sobre qué puedes hacer con esta obra visita el siguiente enlace: https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/​

Libro I

Poco a poco avanza por la calle

aprender las palabras elementales
Laura Casielles
Poco a poco avanza por la calle un sonido de pasos de madera colocan bolsos en la carpa y es la misma mano de siempre que cruza siglos como campos de trigo.
Al lado alguien monta mesados o estanterías con un aire de cuero tela o mejorana, hay otras plantas en el suelo albaricoques, romero, albahaca o fruta fresca y un enjambrido de voces que se alza así al cielo lentamente.
Un rumor antiguo de casa, pan, cereal o cerveza se oye como en un templo de Sumer o Gobekli Tepe ¿Quién escupe esas voces de seres tan viejos?
Al aire los vencejos no sé qué están diciendo con sus trinos pero este orquestar de voces chíos y zapatos tiene un aire de ceremonia o rito milenario parece una oración no sé qué dice no sé quién reza.

Por la franja de sol

Por la franja de sol camina una mujer desnuda se agita firmemente en cada paso y va volando apenas por el suelo toda llena de luz.

Vienes tarde a conocerme

Vienes tarde a conocerme aunque no quieras ya no seré así cuando tú llegues seré de otra forma con otra alma o no seré siquiera.
Me pregunto quién te tenderá la mano al presentarte qué parte de mí nacerá entonces a conocerte qué cosas me enseñarás con lo tarde que llegas.

La lechuga es huerta, casa

La lechuga es huerta, casa, humedad verde de ceniza que se pierde bajo el grifo de agua. Aire crujiente de clorofila y pétalos de aceite, metralla densa de pepitas, sangre de tomate.
Preparo esta belleza simple con zumo de limón y sal hay ganas de llenar el hogar que no tengo aroma fresco, silencio en la calle, trozo de campo que se mete en casa para nadie que no me dice nada.
Enciendo la tele, evito la cebolla para no llorar.

Ya sé que puede parecer extraño

Ya sé que puede parecer extraño, pero yo también estaba sentado mientras leía este libro.
Había luz en el cuarto y un tenue ruido que no me molestaba; a veces, se oían los coches pasar; la gente hilando sus conversaciones como un tejido de lana sin patrón ni forma; y si llovía el agua crujía como en aceite hirviendo.
Terminé el poema ---en un instante--- y al pasar la página, silbó el papel como ahora escuchas.

Con las manos desnudas el agua del pimiento se deshace

A Miguel Ángel Velasco
Con las manos desnudas el agua del pimiento se deshace de su seda granate no conservo nada un aliento rubí se está rompiendo límpido y transparente sobre el aire.
Al cortarla en tiras se abraza a mis dedos su carne plena como tú te abrazaste a mí aquella tarde;
de fondo, algún tema sinfónico de Ludovico Einaudi que le da al tomate un señorío de batalla glorioso de sangrar con su piel quebrada no resiste este filo duro plateado simple como una espada y en mis dedos se rompe esta vez casi sin gritar mi corazón helado.
Destallo la berenjena y su piel se va quedando entre mis manos no hay razón de llorar ayer ya se ha marchado y la rompo y la parto y su carne blanca va cayendo alargada sobre el plato no hay nada que decir no hay nada que esperar los días se suceden con su hilar mecánico.
Desconcho la cebolla el ajo el aceite lo vierto a boleo y respiro
ante mí un aroma irisado de rojos, pardos, dorados y un recuerdo antiguo casi un rubor sagrado la historia de los pueblos que beben la sal de este mar Mediterráneo.

Me levanté y sentí

Me levanté y sentí mi cuerpo entero equilibrarse sobre estos pies ---algún crujido--- la cabeza recta sobre los hombros agité mi rostro y desperté de un sueño porque estaba dormido en esa quietud inerte de los sindicatos entonces miré hacia la ventana.

Un reflejo en la ventana

Un reflejo en la ventana es alguien que ve llover.

Haz que el tren no pare hoy

Haz que el tren no pare hoy que siga recorriendo el verde tras la pantalla que el silencio nos recoja tranquilos hasta la muerte sin decir nada sin hacer nada esperando encontrar la brizna que acaricia el viento.
Quizás mañana volvamos a nacer acostumbrados a este respeto simple de la hierba.

Traspasa tu rostro

Traspasa tu rostro en la ventana este paisaje doradamente verde
Si bostezas parece que comieras árboles o hierbas y que todo el cielo azul se filtrase en tu boca.
No me atrevo a preguntarte sé que no te conozco aunque seas breve
¿Cómo es qué de algún modo quizás tan solo ahora todo viva dentro de ti mientras tú duermes?

Libro II

Alguna vez

A Bernardo Atxaga
Alguna vez antes de la historia un pequeño haz de luz cruzó las profundidades abisales fue como romper el día de una calle el cruce de Shibuya con temas de Stravinsky o Shostakovich.
Quizás algunos peces sintieron la verdad iluminados con un espasmo de branquias en su cuerpo quietos por un instante comenzaron de pronto este místico mantra de silencio que les caracteriza
¿Qué versos balbucearán estos poetas? ¿Qué misterio quedó prendido de sus labios sin remedio?
Será algo importante que debe decirse pero que no recuerdan.

Grullas

A Robert Graves
Cuando uno tiene grullas en la cabeza en lugar de periquitos o gorriones por ejemplo pasan algunas cosas.
Puede contradecirse para decirlo todo como bien explican los tratados de lógica.
Ahora me sorprendo portando bajo la axila un poemario de Bernardo Atxaga, hay otro de Bukowski en el bolsillo de mi chaqueta y unos cuantos libros de poemas escondidos en los cajones del despacho.
A veces estornudo haikus de Shiki y quedo perplejo.
Bostezo en la mañana los versos de Machado y arrugo la nariz con un estilo claramente Szymborskiano.
Prefería tener otros pájaros en la cabeza por favor doctor ayúdeme solo espero que no sea grave.

Lunes lluvioso

Aun siendo hoy casi un lunes lluvioso de diciembre [^1] no ha caído ni una sola lágrima.
Al cabo no soy más que un lluvioso lunes de diciembre.
[^1]: (Palma, 29 de enero de 2017)

Tinder

Hoy todos se conocen a base de piel y sexo y a mí no me interesa follarte no sabré nada de ti olvidaré quién eres conoceré un espasmo de tu cuerpo como un escalofrío de nadie como un latido en la sombra de nadie;
no sabré de tu piel apenas su sabor y su textura pero ¿Qué la hace erizarse, estar alerta, poner todos los trastos en flor, o cortarse las venas?
¿Qué sabré de ti por tu saliva, por tu estómago temblando como un tren que se detiene?
¿Qué otra alternativa tenemos los humanos? Tú no te fías de mí. Yo no me fío de ti.
Son demasiados suspiros a respirar entre dos desconocidos, demasiada sangre que limpiar, consejos que callar, lágrimas que compartir.
Así es que, en el final de la noche, cuando tu cuerpo se deslice sobre el mío volveremos a estar terriblemente solos.

Entonces reapareces

Entonces reapareces, y contigo viene la locura.
Todo un arrebato de tierra me lanzas a las manos, pero no es tierra fértil.
Me besas intentando no morderme con ganas de morderme.
Me besas con los ojos tremendamente abiertos, llenos de flores o de peces.
Me besas, en fin, buscando los rincones de mi cuerpo. Te muerdo, te toco, te beso, intento encontrarte justo en el ombligo; y, juntamente, nos arrancamos la soledad a golpes secos.
Todo tu sudor me refresca, porque ahora es mío.
Pero me lo quitas de repente, y todo es sed de ti. que ya te has ido.

Oscilobatiente

Desde la mañana nombrando esta palabra porque la escuché contigo todo el día esperando aunque era tu silencio pendiente de ti ¡Muda! Buscando las oscilaciones de tu mutismo crónico, pesándolo, midiendo su masa y su velocidad y ahora mismo, al final de la noche, batiéndome en la cara como un portazo
¡Puto silencio oscilobatiente!

Tu cuerpo desnudo

A Lola
Sagrada obra de arte tu cuerpo desnudo ¿Qué timidez le retiene entre estas sábanas?
Templo de ti ¿duermes?
Piel suavidad espalda.

Cuando estés en Australia

Cuando estés en Australia; con la luna, tu ausencia, será más grande y oscura.
Me lloraré de tu falta te llamaré soñando te echaré de menos.
Pero al pasar el tiempo cuando amaine serás vereda que se niebla al fondo horizonte perpetuo de todos mis caminos.

Me despido de ti

A saco de llorar me despido de ti porque te marchas.
37 y medio… Yo que sé esta noche amanece a las cuatro y tantas.
Siento vértigo por el “no” silencioso de lo que no ha empezado.
Ya, si caigo, no quiero levantarme. Tú dices que exagero será verdad.
Pero un buen beso de despedida sabe a sal.

Desde que tú te has ido

A Lola
Desde que tú te has ido… ¿Qué sé yo? Han empezado a pudrirse los tallos de las siemprevivas.

Libro III

Soledad

A Bea
La soledad es un lugar en el que faltas por eso hay tantas soledades en el mundo.

Últimamente

Últimamente mis dedos no funcionan. No artistean bien a la guitarra no tocan.
Se ajustan mal a los bolsillos de mis propios pantalones quizás prefieran otros.
No pulsan bien, no se deslizan bien, lo noto en el cajero o en el supermercado.
Se atascan cuando cuento, cuando juego a hacer sombras con la lumbre, cuando hacen callar o cuando no hacen nada.
No encuentran la razón de sus pliegues ni elementos mecánicos conviven encallados sobre su propia existencia.
Será que no te sienten, será que no te tocan.

Un mes no es suficiente para Japón

A Jennie
Dices: Un mes no es suficiente para Japón.
Me pregunto qué sería suficiente.
Habría que ver Japón en primavera, y acompañar la floración del cerezo de Sur a Norte hasta Hokkaido.
Igualmente en otoño recorriendo el cobrizo tacto de los árboles y los senderos que crujen.
Regresar y sentir el frío invierno, contemplar el monte Fuji, tomar un onsen al aire libre, ver las luces, pasear por Shirakawago resbalando en un suelo teñido de blanco.
Tras ello quedarse hasta el verano; acudir a festivales, nadar por Yonaguni o Iriomote, imaginarnos ruinas debajo de sus aguas, volver a ver la noche de cada pueblo cubierta, esta vez, de fuegos de colores, subir al Fuji, dormir al raso y hacer vibrar las tempestades.
Espero encontrarnos gente al caminar:
Quizás un maestro, que volverá a enseñarnos todo Japón vestido de su historia; otra vez en verano, otra vez en invierno, otoño y primavera.
Quizás una geisha, que nos mostrará Japón entero admirando parajes de Camellia Sinensis, descubriendo jardines, escribiendo kanjis para dibujar el mundo otra vez empezando por la primavera.
Quizás un haijin, que acompañará los ríos sin decir una palabra, y nos llevará insistente desde el principio al paisaje para ver la luna; esta vez guiados por el viento; el viento de otoño, de invierno, el viento de verano y de primavera.
¿Hablaremos con monjes? ¿Samuráis? ¿Electricistas? ¿Veremos mujeres de negocios? ¿Pescadoras? ¿Cocineras? ¿Prostitutas? ¿Cuántas perspectivas de Japón necesitamos para conocerlo?
Y entonces vendrá otro maestro, otra geisha;
y vuelta a empezar todo en otoño, verano, invierno y primavera.

Lejos

Lejos de ti está lo extraño. Hay tantas cosas que ver y descubrir. Me entretengo descifrando rostros en la niebla; algunos son bellos como el tuyo,
otros son tristes,
otros pequeños, y hay quién se viste con cierta picardía.
Me canso de lo ajeno, de lo que no eres tú. De algún modo, no sé cómo, no sé por qué; mi hogar es justo el espacio que te acompaña.
Por eso, si estás, no me canso de viajar; soy como un caracol si te llevo a cuestas.
Ahora estoy fuera. Regresaré a casa cuando vuelvas.

Desde aquí no puede verse el mar

Desde aquí no puede verse el mar todo es noche inundando el aire;
Un horizonte de puñal se comba en azul dorándose levemente, teñido de un naranja que curva lo oscuro como una herida que casi no sangra;
el filo del cielo transparente se rompe y la noche se acerca a la ventana;
hay ruido en el avión, un montón de luces se hacen grandes y tierra, al final la tierra.

He imaginado este reencuentro

He imaginado este reencuentro, que ahora imagino otra vez.
Estarás despistada y nerviosa, ni mucho ni poco, ambas cosas. Tendrás la mochila de la primera foto, quizás un gato.
Yo te encontraré primero, no sabré si correr, nunca quiero asustarte.
Si te viera de frente, avanzaría raudo hacia un abrazo, que terminará con tus piernas por el aire.
Si te viera de espaldas, me acercaré despacio, a ver si me descubres; te tocaré suave el hombro, quizás te nombre; a veces no sé cómo llamarte.
Explotará tu risa, y será mi patria, mi hogar, mi vuelta a casa.

Aquellos que disfrutan como zombis

A Lola
Aquellos que disfrutan como zombis de la noche sin estrellas del besar sin riesgo de amar y rompen los geranios y las flores;
aquellos que practican rituales de discoteca y gin, escupen en el tacto y mueren, y no saben nada;
nunca entenderán que sonrías si te beso entre los coches; si nos hacemos suaves a base de piel, si nos queremos casi como náufragos que se encuentran en la playa.

Algo nuestro

Siento que rompes mis bolígrafos Jennie
Saber que si algún día el amor se ha convertido en algo nuestro no será porque te quiera y ame tu belleza y tus costumbres ni porque tú me quieras y ames lo que sea que ames.
Sabes que ni tú ni yo sino un nosotros que nos sobrepasa convierte cualquier cosa tuya o mía en algo nuestro.
Porque aunque yo trabaje hastiado de papeles y rompa mis bolígrafos y aguante los berrinches de mi jefe
mientras tú sonríes a gente a la que odias y sigues tus deberes tus horarios tus sueldos
sabemos ¿No es verdad? Que todo esto no lo hacemos solos.
Por eso yo sonrío a gente a la que odias aguanto tus deberes tus horarios tus sueldos y tú, mientras, trabajas, hastiada de papeles yo rompo tus bolígrafos tú aguantas los berrinches de mi jefe.

A veces, te retienes

A veces, te retienes en el baile, en el sueño; presa de ti misma, vomitando el THC y la narcisina; y yo mientras te observo anclado en el recuerdo de tu sonrisa, casi desvanecido, repitiendo tu nombre como Eco, repitiéndote, para que no te mueras.

Algunos árboles hablan por sus raíces

Algunos árboles hablan por sus raíces.
La calle cruza la plaza repleta de serbales puedo medir la distancia exacta entre uno y otro parece que tuvieran camisas de fuerza en su planta.
Como a nosotros alguien les ha robado el abrazo la canción la compañía destejidas las hojas gritan sin ser escuchados como nosotros.
Tétricas esfinges de madera muerta solos en este estallido de noche de la tarde.
Pobres árboles tristes tan vivos y tan muertos no tienen tiempo de ir enjoyados de sol ni jade
pero no han sido ellos los culpables.

Me quedé con tu cuerpo

Me quedé con tu cuerpo fuego y camino de piel hasta tu boca me quedé entre las sendas que dibuja el viento corriendo perezoso entre las rocas, pero el mar no era tu casa ni la mía.
Recorrimos torrentes de hojarasca tierra que ha desplazado el agua en su carrera y al final del camino no había nada tan solo esta vida triste.
De tanto caminar, no me di cuenta; nunca viniste conmigo.
Andar por andar volver hacia ningún sitio.

Ahora que soy nómada

Ahora que soy nómada, ya sin musa; te regalo lo auténtico, la empatía, el primum non nocere, la ética que empieza con enterarse de.
Te regalo un beso en la mejilla, mi casa,
mi consuelo, mi familia; el abrazo que no quisiste darme.
Te regalo la confianza que tenemos, la vida que tuvimos, todo lo que es nuestro porque es tuyo o es mío. Mis amigos que te quieren sin conocerte como me quieren a mí.
Te regalo el amor eterno de un hermano, las fotos que he robado, esas, en las que sales triste; la herida que me haces cada vez que me destierras.
Te regalo el concepto comunidad de vida, el desprecio que tengo por los amores de verano y discoteca, el asco por lo que no es bueno; mi odio a la tibieza.
Te regalo el Tao, la Luna que sonríe como un gato, las gracias por estar y por vivir el hambre de querer y el decirte adiós.
Te regalo esta lágrima, porque es sincera; un mapa con mi número, sólo por si te pierdes y una canción.
No te regalo más espero que haya sido suficiente.

Me acerco a este cristal

Me acerco a este cristal que dibuja nuestro aliento con una nube blanca donde escribo tu nombre.

Libro IV

Nosotros que tenemos pan

[…] La paz es la elegía a un joven con el corazón destrozado por el lunar de una mujer, no por una bala o una bomba …
Mahmud Darwish
Nosotros que tenemos pan podemos quejarnos de la noche; del retraso del avión el 23 de diciembre, de la comida sosa y el marisco estropeado.
No podemos quejarnos de la sed, nunca tuvimos hambre. Pero lloramos a veces, porque tenemos agua que verter y sal de sobra hasta en los ojos.
Nosotros, que tenemos paz podemos quejarnos de la lluvia, de la cola del supermercado, de tener que ir al paro cada tres meses, de que han cerrado el pub del último jueves.
Pero no podemos quejarnos de la metralla, del estallido que se rompe en gritos sobre la plaza del pueblo.
Aunque lloramos a veces ¿Verdad? Es, precisamente, porque la sangre permanece adentro, justo en las arterias adecuadas.
Vosotros que morís a duras penas, a quiénes no conozco, ni he abrazado, vosotros, cuyo dolor no entiendo:
Enseñadme a descartar la lágrima que no cala el tuétano, enseñadme a llorar, nosotros no sabemos.

Antes de mí eran las polillas

Antes de mí eran las polillas las maté poco a poco, larva a larva. Fui absolutamente despiadado con las cucarachas y no me importó que llevasen aquí desde el carbonífero.
Conviví, por un tiempo, con una clase de dípteros que habitaron el cuarto de baño. Pero les planté cara en cuanto empezaron a cubrir la pared y a ducharse conmigo. Esta guerra se llevó por delante a un pobre lepisma con quién yo jugaba al escondite.
Últimamente, creo no me acompaña ni una sola drosophila, nunca han venido hormigas, ambas detestan estos tomates eternos del Mercadona.
Al fin, ahora, he desterrado a todo ser viviente de mi casa; aunque, por algún motivo, solo tengo ganas de llorar.

En Palma llueve bruscamente

En Palma llueve bruscamente. Arrecia un vendaval de agua y de viento. Luego amaina con restos de llovizna que ahondan prontamente en mi memoria y así, con esta lluvia, veo crujir el tenue sonido de mi pueblo, me empapo de orballo, salgo y te agradezco, lluvia; hermana mía; que con tus telas suaves cierres aquel horizonte palmesano, siempre tan vívido, en este gris tenue y plomizo de mi cielo.
Gracias paisana, que me traes mi tierra.

Hay quien no se arrepiente

Hay quien no se arrepiente de la mancha en el vestido, de los kilos de azúcar tomados a deshoras.
De no haber bebido, o de haber bebido.
De no dar limosna a cualquiera que se cruce por la calle. De no ser médicos, bomberos o policías y de no haber salvado a nadie todavía o de no haber luchado lo suficiente.
Yo tampoco me arrepiento de no madrugar, ni de acostarme tarde; de no hacer o de hacer ¿Acaso no es lo mismo?
¿Pero qué hay de aquello de lo que no nos dimos cuenta? De aquello que, aunque simple, ha pasado por la puerta sin llamar; cómo saber qué gritos se han dado por nuestras ausencias.

El desagüe de la ducha

De repente se atasca el desagüe de la ducha recuerdo que por un tiempo ya no quedaba casi leche en la nevera el piso empezó a llenarse de ropas de colores, de olores extraños, aunque agradables que salían del cuarto de baño, el sillón había dejado de ser mi trono para convertirse en un colchón compartido donde apenas podía recostarme.
En el horno hubo una quiché, crema de verduras encima de la mesa. La tele volvió a ser una caja tonta y no la simple pantalla que ahora es.
Algunas veces encontré calor entre las sábanas, mis manos encontraron una cierta tarea que las hacía más suaves; y, por un tiempo, los vecinos tuvieron de qué quejarse.
El piso se hizo pequeño, no me molestó porque tenía sentido estar en casa.
Pero ahora estoy desatascando está maldita tubería y es un adiós para siempre el que se va por el desagüe.

Tesoros de biblioteca

A los poetas
Acopio estos pequeños tesoros de biblioteca. Son folios arrugados, algunos de colores, pequeños y grandes según el caso.
Tienen, qué sé yo, un algo que me arranca una sonrisa, un suspiro, una tristeza.
La verdad, no sé por qué.
Será que tienen mundos o alma; que no son yo; que me hacen compañía tantas soledades nuestras.
Será que somos todos de la misma tribu chamanes avivando las palabras muertas.

La sombra de la Garza

Aún sin luna, la sombra de la Garza también es blanca
Antonio Rigo
Dicen que también bajo la luna llena es blanca la sombra de la Garza.
Quizás no lo recuerdes cruzábamos la lengua de Amanoshidate. La vimos entonces tras pasar un memorial bastante cutre de Buson.
Esa fue la última vez que vi una Garza su sombra era negra nunca puedes fiarte de los poetas.
Intenté capturarla varias veces con mi cámara ella se movía levemente lo bastante para salir de foco.
Mientras tú discutías en silencio con tu falta de paciencia.
En esto rompió el vuelo la cámara hizo click tú respiraste y una hilera de círculos quedó bajo el puente.
Ahora que no estás recupero esta foto que me recuerda a ti no tiene nada, esta movida, sólo una sombra blanca bajo un puente.

Diario de Mallorca

A Cris
Leo en diario de Mallorca[^2] que el censo de la grulla común aquí en las islas suma: 21 ejemplares.
Precisamente ahora que detesto el silencio de tanta calle y piedra tú, Mallorca, qué me has ganado al escondite cuando yo no quería jugar al escondite y te has llevado mi tribu, mi vida, poco a poco con destierros y cristales rotos;
precisamente ahora que decido marcharme:
Veintiuna grullas 21 Justo lo que pesa el alma.
[^2]: (Palma 21 de febrero de 2017)

No

No fue el cloc cloc cloc de los cantos rodados, ni el rumor del río.
No fueron las sábanas al roce de la piel, ni el olor a humedad de algunos callejones. No fue la luz que se deshace al crepúsculo cuando empieza el frío; ni todos los pasados, ni el mañana.
Fue todo esto, o no fue nada, no lo sé; pensé en ti al rezar este poema, lo reconozco.
Temo que vuelvas a estar en todas las cosas. Este miedo se repite como un salmo:
Siempre serás ausencia.

Volver

Volver a ver la hierba verde, la hierba de mi tierra verde, madre, de mi tierra madre, verde la hierba padre, verde la hierba.

Libro V

Alguna vez fuimos nómadas

Alguna vez fuimos nómadas y el viento acompañaba nuestra casa pero hay una canción antigua entre el cemento que ya no vibra al toque de las flores que nos dice “pan” pero no alimenta que nos dice “casa” y no nos acoge.
Hay una canción que dice: vete corre, busca un sitio; empieza a montar tu hogar con barro allá donde la hierba crece.

Nadie lo sabía

Nadie lo sabía pero tu sombra sola teñía de tarde el sol cada mañana; el frescor de tu aliento entraba en mi garganta muchas veces, casi como un beso.
Yo te saludaba sin saberlo bastaba un temblor de dedos para que tú respondieras con una algarabía de hojas o un silbidito de viento.
Entonces te arrancaron de cuajo aquella tarde y pude ver de golpe tu enorme silueta, borrada todavía en este hueco que dejaste, casi como si al cielo le hubieran quitado algo.
¿Cómo llamarte ahora? ¿Cómo llamarte?

Contemplarán el tacto

Contemplarán el tacto suavemente despacio y detenido, como rocío a punto.
Revisarán caricia, piel y boca, roce de labios y miel perdida entre los pliegues.
Nada los parará ---un aliento--- más allá del mundo el cosmos detenido un átomo aguantándose entre el beso.
Quizás morir, no parece posible, y al cabo algo les borrará: la soledad de tener distinto cuerpo.

¡Ven!

¡Ven! Seremos hogar casa pequeña y sin paredes escondida en cualquier esquina de la calle.
Seremos memoria de los hechos canto, historia, pueblo que fluye al borde del río;
seremos tribu de luna, alma-tierra, sangre que late al fuego; pero no habrá cimientos ni desiertos tan solo este pan de abrazos compartidos.

Sal de la casa

Sal de la casa y anda sigue el ritmo del viento, tuerce hacia la retama o el laurel.
Caminaremos descalzos sobre la hierba en dirección al mar volveremos al hondo de la tierra más allá del desierto y de la escarcha,
allí donde no llega nadie en lo pequeño habrá un jardín apenas transitado detrás del muro del llanto y del adiós no estaremos solos, por primera vez verás tu verdadero rostro mi verdadero rostro que no es distinto al tuyo; no hay otro camino,
no hay otro camino.

Una forma extraña de no ser yo

A mis hermanas
Es una forma extraña de no ser yo el ser hermano vuestro
Tener un no sé qué insistiendo todo el rato como si me si hubiera dejado cosas en la casa.
Es tan raro seguir creciendo lejos alejados de la infancia y los juegos de guerra ahora que ya no cantamos canciones de piratas ni nos hacemos cosquillas.
Que cosa tan extraña quererse así guardar siempre un secreto que no es nada importante escondernos y no hablarnos pendientes de nosotros con esa sensación sutil en la cabeza:
Vivir continuamente con algo que nos falta.

Donde tú estás

Donde tú estás está la vida; silenciosa te extiendes por los badenes y eres tan viajera como las autopistas encanto de tu noche borracha de sol a punto de morir con cada escarcha en esta soledad tan honda verde pequeño loca que tan poquito a poco has quebrado la piedra, la tierra, el asfalto; y yo que me quejaba de mi día…
Pero tú formas parte de la hermandad perpetua de la hierba, el futuro es tuyo, nadie lo diría.

Ignorantes

Ignorantes de todo los humanos se han quedado con mucho el viento, por ejemplo, pero hay un gorrión oculto en los barrotes y no se silencia apenas la luz antigua del limonero.
Hay cierta resistencia entre las flores;
rebeldes en los campos restallan inasibles sobre el trigo seco las amapolas.

Con alma de mosquitos

A Karin Hees
Con alma de mosquitos tienes, a tu pesar, raíces. Eres casi una hierba coronada de nubes, viento y semilla breve del mañana.
Alentará mi soplo tu suspiro blanco y así serás deseo, sueño, horizonte, esperanza que vendrá algún día de alguna otra parte.
Hágase tu libertad pequeño rugido de flores que aquí nos quedamos todos buscándote, soñándote,
envidiándote…

Poco a poco

Poco a poco avanza por la calle un sonido de pasos de madera
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