Comentarios al "El nervio óptico"

Una vida en pinturas.

Hay sensaciones que aunque sean difíciles de explicar tienen una naturaleza marcadamente comunal. Quiero decir son situaciones en las que todos nos podemos encontrar alguna vez. No se pueden describir, simplemente se viven. Situaciones como la que nos sitúa "Waiting for Godot" de Samuel Beckett, o una película de Lars Von Trier. Describir algo no es vivirlo. Cuándo vi Dogville, tuve que hacer un esfuerzo muy grande para no marcharme de la sala de cine, y no precisamente porque fuera una mala película. Hay veces que el artista es capaz de ir más allá de transmitirnos una idea, o un pensamiento; no se trata de contarnos o de transmitirnos algo; se trata de involucrarnos de tal modo en una situación que nuestro cuerpo la vive exactamente. No hay distinción entre realidad y ficción porque no nos movemos en un contexto narrativo o artístico sino que se han puesto en funcionamiento las categorías de la vida, el arte ha traspasado la barrera.

Nunca he estado en presencia de un Rothko, pero puedo entender cual es el propósito del artista, "es como visitar los glaciares o atravesar un desierto" dice María Gainza, o que hay que pararse delante del un Rothko como frente un amanecer. Es muy difícil crear una obra tan pura, tan real, que sea capaz de conseguir penetrar las categorías de la vida, más aún con texto, quizás en poesía o en haiku.

Me ha recordado a un poema de Valente:

EL AMARILLO, el verde, el encendido rojo sólo para morir bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas que la melancolia ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar? Lloradme nunca. Me he perdido con el aire en las bóvedas tan bajas de un cielo que, piadoso, me disuelve.

(Dias de octubre de 1996)

Además de todo esto, la narración de Gainza tiene una meditación sobre lo que significa vender el propio arte, el propio cuerpo, "hay formas y formas de prostitución" dice. Quién sabe los motivos de Rothko, al final imagino que es preciso de buscar una forma auténtica de expresarse y ser fiel a esa forma, de encontrar " un modo de vida y un trabajo que no tenga las consecuencias de ir acabando con nosotros".

Los pitucones.

Probablemente, este no es el capítulo que más me gustó del libro. Pero me pareció interesante la vida de El Greco, y algunas de las cuestiones de las que trata.

Por un lado es interesante la capacidad de Gainza de hacer excursos, parece que te habla de otra cosa pero luego vuelve al tema central. Y también es interesante su capacidad de hacer alegorías, hablándonos de temas más generales a través de anécdotas concretas.

En este capítulo, creo que nos habla de la relación individuo-comunidad. La visión que la comunidad tiene de uno y de sus capacidades, el lugar que uno ocupa, en que se supone que debe ocupar, y el que quiere ocupar. Las presiones por desarrollar ese espacio y hacer lo que se supone que uno debe hacer, no desperdiciar el talento ni la vida. Hay veces que ese lugar ya está ocupado, y entonces es preciso hacerse uno nuevo. Realmente creo que a diferencia de algunos otros de los personajes de los que se habla en este capítulo, El Greco pudo encontrar un espacio.