¿Cómo narices se lee un haiku?

A veces pienso que la poesía es como la cerveza, hay que acostumbrarse a su sabor amargo, es una cuestión de aprender a paladear. Cuánto más sabemos más nos gusta y en algunas ocasiones puede resultar intragable.

El haiku, más que ninguna otra expresión poética, necesita un especial entrenamiento de las papilas gustativas y demás órganos sensoriales. Pero como pasa con la cerveza no es para todo el mundo. Si nunca te has parado a escuchar el sonido de la lluvia o el del mar embravecido, si nunca te has fijado cómo titila el polvo en suspensión cuando entra la luz por la ventana, o si no has jugado a perseguir con la mirada gotas de agua que se deslizan en la mampara de la ducha, quizás el haiku no llegará a interesarte nunca. No pasa nada, no es para tanto. El haiku es ante todo un ejercicio de sensorialidad. Si te interesa vente conmigo.

Empezaremos construyendo una escalera, en realidad es muy fácil:

  1. Simplemente lee, haz que germine de forma natural el suceso que se narra.

  2. Intenta recordarlo como si te estuvieran hablando de algo que ya has vivido.

  3. Deja de recordar y vive ese momento, obsérvalo como si lo tuvieras delante.

Vale, quizás no es tan fácil llegar ahí. Es como si os hubiera hecho pegar un salto al tercer piso. Vamos a ir poco a poco subiendo la escalera.

Primer peldaño:

Empecemos por contextualizar. Podéis pensar en el haiku como algo que intenta evocar recuerdos. Si el poeta es genial será capaz de hacernos recordar incluso cosas que ni siquiera hemos vivido. De ahí la importancia del contexto. El olor, el sabor, el sonido concreto del mar arrastrando los cantos rodados, la temperatura, la humedad ¿Era invierno? El color de la luz, la tonalidad del monte o de los campos. Necesitamos saber cómo era el mundo en ese momento, nos basta con los elementos esenciales; buscaremos todo aquello que nos permita configurar un instante en su justo aquí y ahora. Por eso es importante la palabra estacional o kigo, no es un capricho de los japoneses.

Las convenciones introducen artificiosidad en el poema, la floración del almendro o la emigración de las grullas no suceden en la misma época del año en todo el mundo, el cambio climático ha afectado a las estaciones, la tierra no es Japón y ahora es muy grande. Pero nosotros sólo necesitamos saber cómo es el mundo cuando el almendro florece o cuando la grulla emigra.

Pasa septiembre. El viejo duraznero no ha florecido.

Juan Carlos Durilen

En España al duraznero lo llamamos melocotonero y florece entre los meses de febrero a marzo. En América del Sur al melocotonero le llaman duraznero y florece entre los meses de agosto a septiembre. Las palabras son relativas, los meses de floración son relativos, pero hay elementos de este poema que trascienden al léxico o a la época del año; que tienen una naturaleza universal y absoluta. Os invito a encontrarlos.

En ocasiones no es importante la estación para entender el contexto, a estos haikus los llamamos mu-kigo. Uno puede entender la agitación, el ruido, el movimiento que tiene este poema, sin necesidad de conocer la temperatura o el color de la época del año:

juego de niños: un perro se une, aunque no entiende nada.

Frutos Soriano.

Pero el contexto no es sólo una cuestión de la estación del año, es la situación. En ocasiones la impresión es tan nuestra que casi sonreímos:

al calzarme el zueco ¡qué fría la lluvia de anoche!

Mercedes Pérez (Kotori)

Segundo peldaño:

La estructura es importante. El haiku tiene que sentirse antes de pensarse, por eso es breve. Debe entrar por la vista como un paquete de estímulos que nos golpea. Normalmente se plasma en una sola estrofa de 5/7/5 sílabas (o moras). El verso central suele contener el corazón del poema, es decir, el motivo o la causa del asombro. Es habitual encontrarnos una pausa (kire) que corta el poema en dos y que nos deja respirar antes de lanzarnos la imagen que asombró al haijin. La primera parte del poema nos ubica, nos da pistas sobre el contexto, la otra parte nos presenta el suceso tal cual fue. Pero la madurez consiste en incumplir las normas que pueden incumplirse. En ocasiones el poeta no se ajusta a los cánones tradicionales y eso es bueno porque nos permite crecer, ir más allá de las formas; sentir que, de fondo, nos llega ese aroma a haiku tan característico:

La escoliosis del enterrador Tibia humedad de otoño.

María Victoria Porras (Mavi)

Lo importante no es la métrica sino el sabor a haiku, el haimi. El misterio de encontrar algo encerrado bajo los versos.

desciende por el tronco... en la grieta se pierde otra gota de lluvia.

Mirta Gili.

Tercer peldaño:

La tensión dinámica. Imaginad que estáis en una habitación a oscuras. Se enciende la luz por un instante, véis el itinerario de una pelota que se interrumpe pronto, vuelta a la oscuridad ¿Sabéis a dónde ha ido? Considerad que todo haiku contiene una parte de mundo que quiere salir. Es como un momento comprimido. El mundo empuja para seguir activo en nuestra mente, los versos se llenan de tensiones ¿De dónde viene? ¿A dónde va ese instante?

En la orilla opuesta: dos desconocidos bajo un paraguas.

Konstantin Dimitrov.

¿Veis transcurrir el ciclo del agua? La lluvia, el río, el mar, las nubes. Todo lo que ha tenido que pasar para que dos desconocidos se encuentren frente a frente en orillas opuestas, o para que dos desconocidos se resguarden bajo el mismo paraguas. Todo lo que ha tenido que pasar y todo lo que seguirá pasando después.

Cuatro peldaño:

Pero hay más fuerzas internas que pueden ayudarnos a navegar en el arte del haiku. Por muy breve que sea el poema podemos encontrarlo lleno de tensiones, debemos aprender a sentirlas. Relaciones de contraste o comparación aparecen con frecuencia. La luz nos trae directamente la oscuridad:

A la luz de un relámpago: El plumaje de un pájaro mojado de lluvia

Isabel Pose.

¿Habéis oído el trueno?

En otras ocasiones la relación principal es la de comparación. El haijin es capaz de crear lazos entre los elementos del poema, como si fuera un baile. Aquí, la negrura del cuervo y de su propia sombra se agitan, el viento, el rumor de las alas al despegar del suelo:

Alzan el vuelo; negras como los cuervos sus propias sombras

JR. Vicent (Barlo).

Escuchad, por favor; escuchad el murmullo del poema. Allá donde el texto calla, precisamente ahí, sucede el sonido.

Incluso algo que falta o algo que no ocurre pueden generar tensión en el poema. La ausencia nos lleva hacia la presencia provocando inquietud. Ya hemos visto un viejo melocotonero que no florece; quizás nos puede incomodar la presencia de un cuerpo en silencio, o una flor que no se abre, son haikus de lo que no sucede:

El árbol sin hojas... lleno de pájaros que no cantan

Alfredo Benjamín Ramírez Sancho (Alberasan).

Último peldaño:

La sencillez. Cuando el haiku no tiene tensión ninguna, cuando nos deja quietos sin llevarnos a ninguna parte, cuando el momento es tan sencillo, tan pequeño y tan universal, cuando nos quedamos mirando, atentos, sin respirar; inmóviles:

el gorrión sube los escalones de uno en uno

Frutos Soriano.

Puede suceder en cualquier parte, en cualquier momento y, sin embargo ¿Cuántas cosas tienen que pasar en el mundo para permitir que eso sea así? Hay una especie de sencillez hipnótica en esta imagen entrañable.

No hacen falta 17 sílabas para escribir este haiku, no hace falta palabra estacional, ni contraste, ni tensión dinámica, ni comparación. Y todo esto que no hace falta se hace extremadamente necesario casi siempre, pero no siempre. Nos hemos saltado de golpe todos los peldaños anteriores y estamos simplemente aquí contemplando lo que ya hemos vivido: ver saltar a un gorrión subiendo despacio. Esto mismo es lo que hemos estado haciendo nosotros ahora, ascendiendo lentamente por el arte del haiku.

Destruye la escalera:

Leemos haiku para sentir el aware que encerró el haijin. Este es el único objetivo. Aware no es iluminación (satori) y al mismo tiempo es más que un mero asombro. Es vivencia actualizada en el poema de forma permanente, sueño que se repite en vela, con los ojos abiertos, como una ensoñación que tensa nuestra piel.

Más allá de esto, el sentido de trascendencia que queramos darle al mundo tal y como se nos ha presentado es cosa nuestra, no corresponde al haiku, el haiku termina con la impresión de realidad, con el asombro, con el aware.

Destruye la escalera; es hora de romperla, saltar, echar a volar como hizo el gorrión; como hará el gorrión, como está haciendo.

Volvamos a empezar:

  1. Simplemente lee, haz que germine de forma natural el suceso.

  2. Intenta recordarlo como si te estuvieran hablando de algo que ya has vivido.

  3. Deja de recordar y vive ese momento, obsérvalo como si lo tuvieras delante.

Wittgeinstein, de quien también he tomado prestada la metáfora de la escalera, dijo algo que me gustaría recordar ahora, más que nada por si alguna vez se te ocurre volver a leer un haiku, olvídate de todo esto, solamente piensa; “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”.

Nota:

Todos los haikus citados han sido escritos originalmente en lengua castellana por autores hispanohablantes de primer nivel, los he escogido así para evitar la pérdida de sutilezas que puede producirse por culpa de la traducción; y, además, para que vayamos viendo que el haiku no es sólo cosa de los japoneses. Algunos libros de haikus en castellano está publicados en la Colección Haibooks de Uno Editorial.

José Castiñeira