Cosas de niños
Atiende. Oirás la respiración cortada entre pitidos incómodos. No es tan fácil dormir. Verás la luz finísima de una farola penetrar en el cuarto; por las grietas de las contras de madera. No hay más luz que esta. Los ojos de la niña rasgados en penumbra pueden verse muy abiertos. Parecen quejarse de las voces tan fuertes que vienen, ahora mismo, del salón.
Aunque ellos discuten y pelean, sabes que la quieren. Gritan y rompen los vasos contra las paredes, pero nunca le han pegado. Todavía es pequeña y un poco torpe. Contigo empezó todo más tarde.
-- ¿Jennie, estás despierta?
Por eso te haces la dormida. Respiras profundamente mientras te giras hacia un lado. Ninguna podrá dormir hasta que acaben, pero es mejor no hacer nada. Lo sabes bien.
Tu hermana Marta se ha incorporado sobre la cama y se prepara para levantarse. Tú también lo hacías. Acostumbrabas a deslizarte en la noche, silenciosamente, de una alfombra a la otra, para evitar el pinchazo de estas baldosas congeladas, y la humedad subiendo poco a poco por las espinillas.
Ella irá, como tú, casi a oscuras, hacia unos chillidos que, por fin, se han ido suavizando.
---¿Me habéis llamado?--- Dice Marta.
Pisará un trocito de cristal.
---Las cosas con heridas tienen Historia--- Dice mucho Mamá. Pero tú odias las heridas, y los portazos, aunque no hagas nada para callarlos y ahora es la tele la que está demasiado alta para poder dormir.
---¿Me habéis llamado?--- Vuelve a repetir; pero nadie le contesta. Piensas que no pasará nada, la mandarán de vuelta pronto, con algún chillido. Intentas escucharlo todo. Se oye la respiración profunda de Papá, medio dormido, en el salón y, casi sin querer, te quedas congelada en sus silencios.
El último pasillo Marta lo hará casi de puntillas, como si se hubiera caído por el suelo una caja de chinchetas.
  • Mami, voy a bajar un poquitito la voz
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