Cosas de niños

---¿Me habéis llamado?--- Dijo la niña.

Siempre que pasaba acostumbraba a deslizarse silenciosamente de una alfombra a la otra, para evitar el congeladísimo picotazo de las baldosas, y la humedad subiendo poco a poco por las espinillas.

Se dirigía, casi a oscuras, hacia la voz irritante de la televisión que nunca le dejaba dormir. Una luz intranquila arañaba el techo con destellos azules.

Pisó un trocito de cristal. ---Las cosas con heridas tienen historia, Marta--- Decía su madre. A ella no le gustan las heridas, ni los gritos, ni los portazos, y ahora la tele está demasiado alta ---¡Siempre igual!

---¿Me habéis llamado?--- Vuelve a repetir; nadie le contesta. Siente la respiración profunda de su padre dormido en el salón y, casi sin querer, se queda congelada en los silencios.

El último pasillo lo recorre de puntillas --¡Que frío!--- como si se hubiera caído por el suelo una caja de chinchetas. Procura no hacer ruido mientras busca, a tientas, el mando del televisor.

  • Mami, voy a bajar un poquitito la voz

  • Vale, hija... ¿Me das un beso?

  • [... ] ¿Estás llorando?

  • ¡Claro!

  • ¿Por qué?

  • Mi vida... porque me gusta verte.