Miradas.

Te espero en el atrio pero no sé si eres. Avanzo despacito, arrastrando sobre la arena estos blancos zapatos remendados; en el empeine, el lazo de organza que les puso mi madre el día de la boda; no sales todavía. Quizás no eras. Me entretengo, medio despistada, observando las figuritas talladas en la piedra; mientras, un cosquilleo se atora molesto en el estómago, como si estuviera nerviosa. De mi mano herida Mariquilla tira con fuerzas, para arrancarme un paso y otro paso.

De gorra y de domingo este hombre con bigote sale de la iglesia. Nos miramos rápido, sin querer, como quien entra en el ultramarinos de siempre. Pero algo pasa y mi cuerpo se congela como tímido porque sí que eres tú el que aparece.

Por suerte no me has reconocido ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Tres años! Era junio cuando empezaste a trabajar en la dorna de mi padre ¿Recuerdas? Ellos pescaban sardina a xeito buscando entre las lucecitas azules del mar por la noche. Maside, el amigo de tus padres; seguro que te acuerdas. Lo sentiste mucho cuando nos dejó.

Llevas sombrero y vas elegante con tu bigote afilado ¿Quién te planchó? Me alegro de verte guapo ¿Eres feliz? Decías que yo era un caravel. Mejor que me hayas olvidado. Eso hacéis los hombres. Ahora mis ojos tienen la oscuridad de un pozo; ya no te gustarían. Que ganas de agarrarme a tu espalda; pareces un jabalí enfadado. Te devolvería la ternura con un beso; si te acordaras de mí. Por fin me miras.

No puede ser ¡Helena? ¡Qué estás haciendo? Seguro que espera a Xoán. Mejor me voy... Ojalá no la hubiera visto ¿Pero cómo no verla, mujer! ¡Estás triste? ¿Debería saludarla? No me habrá reconocido con esta ropa de indiano ¡Qué linda! Ni siquiera se da cuenta. Siempre su mirada ingenua de animal herido. Ella me mataba. Volver a pensar en todo aquello. Esa fiebre de tocarnos y besarnos a escondidas ¿Hace cuánto ya! No sé, nunca me volví a sentir igual. Te veo tan delgada con ese traje viejo de domingo. Qué pena ¿Eres feliz con tu vida de madre entregada? Tienes las manos arañadas y el pelo estropeado. Estarías mejor conmigo. No me puedo creer que lleves aquellos ridículos zapatos; como si no te avergonzaras de casarte con ese señor. Podrías haber sido lo que tú quisieras. Te habría llevado conmigo. La niña ha crecido mucho; se parece a tí ¿Cuándo nació?

Recuerdo el funeral de mi padre. Me abrazaste; de repente mi cuerpo contra tu cuerpo y el latido entre las ropas; me quedé sin aire. Había como una sensación de ausencia; y al estallar de golpe los mimos de la infancia, estuve segura de haber llegado al hogar de siempre. Pero después te fuiste y todo se esfumó. Volvió el ruido de los pasos, las palabras; y el peso incómodo de aquel vestido negro. También Xoán, con su torpe cariño conveniente; ya estoy bien acostumbrada a quererle.

No quisiste besarme la última noche. Estaba totalmente loco por ti; por tu sonrisa de niña buena ¡Habría hecho cualquier cosa que me hubieras pedido! Pero ---La familia--- decías ¡La familia! Dijiste que te habías dejado llevar; quién sabe. Tal vez fue verdad y yo te arrastré sin saberlo ¡Pero te dejaste! ---Será mejor que te vayas---, dijiste. ---No puedo darte eso---, dijiste. Tenías la piel tan suave. Y ahora no puedo olvidarlo. Te veo. Quisiera resistirme ¡Debería convencerla? Tal vez no sea tarde... Quizás no sea lo correcto.

No he podido dejar de pensar en todo aquello. Es como una obsesión repitiéndose. Tu piel con mi piel y el calambre suave, una y otra vez, en la cabeza. Quisiera abrazarte tan solo un poquito... Pero así es mejor. La boda fue muy pronto después. Imaginemos lo que hubiera sido, mejor así ¿Cuánto habría durado? Éramos tan jóvenes. Fue solo eso; dos cuerpos que se gustan. Mejor recordarnos así, en lo bonito. Me gustó mucho verte ¿Sabes? Cuando miro tus ojos me veo allí.